Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
10. CONCLUSIÓN
Hagamos el balance. Desde el punto de vista de la teoría del marxismo en general, el problema del derecho a la autodeterminación no presenta dificultades. En serio no se puede ni hablar de poner en duda la decisión de Londres de 1896, ni de que por autodeterminación se entiende únicamente el derecho a la separación, ni de que la formación de Estados nacionales independientes es una tendencia de todas las revoluciones democrático-burguesas.
La dificultad la crea, hasta cierto punto, el hecho de que en Rusia luchan y deben luchar juntos el proletariado de las naciones oprimidas y el proletariado de la nación opresora. La tarea consiste en salvaguardar la unidad de la lucha de clase del proletariado por el socialismo, repeler todas las influencias burguesas y ultrarreaccionarias del nacionalismo. Entre las naciones oprimidas, la separación del proletariado en un partido independiente conduce a veces a una lucha tan encarnizada contra el nacionalismo de la nación de que se trata, que se deforma la perspectiva y se olvida el nacionalismo de la nación opresora.
Pero esta deformación de la perspectiva es posible tan sólo durante corto tiempo. La experiencia de la lucha conjunta de los proletarios de naciones diferentes prueba con demasiada claridad que nosotros debemos plantear los problemas políticos desde el punto de vista de toda Rusia y no desde el "de Cracovia". Y en la política de toda Rusia dominan los Purishkévich y los Kokoshkin. Reinan sus ideas, su persecución de los alógenos por "separatismo", por pensar en la separación, se predica y se lleva a la práctica en la Duma, en las escuelas, en las iglesias, en los cuarteles, en centenares y miles de periódicos. Toda la atmósfera política de Rusia entera está inficionada del veneno de este nacionalismo ruso. La desgracia del pueblo consiste en que, esclavizando a otros pueblos, afianza la reacción en toda Rusia. Los recuerdos de 1849 y 1863 constituyen una tradición política viva que, si no se producen tempestades de proporciones muy grandes, amenazará durante largos decenios con dificultar todo movimiento democrático y sobre todo socialdemócrata.
No puede caber duda de que, por natural que parezca a veces el punto de vista de algunos marxistas de las naciones oprimidas (cuya "desgracia" consiste a veces en que las masas de la población se ciegan por la idea de "su" liberación nacional), en la práctica, teniendo en cuenta la correlación objetiva de las fuerzas de clase en Rusia, Ia renuncia a defender el derecho a la autodeterminación equivale al peor oportunismo, a inficionar al proletariado con las ideas de los Kokoshkin. Y estas ideas son, en el fondo, las ideas y la política de los Purishkévich.
Por ello, si el punto de vista de Rosa Luxemburgo podía justificarse al principio, como estrechez específicamente polaca, "de Cracovia" 13, en cambio en el momento actual, cuando en todas partes se ha acentuado el nacionalismo y, sobre todo, el nacionalismo gubernamental, ruso, cuando es este nacionalismo el que dirige la política, semejante estrechez es ya imperdonable. En la práctica, se aferran a ella los oportunistas de todas las naciones, temerosos ante la idea de "tempestades" y de "saltos", que consideran terminada la revolución democrático-burguesa y se arrastran detrás del liberalismo de los Kokoshkin.
El nacionalismo ruso, como todo nacionalismo, atravesará por distintas fases, según predominen en el país burgués unas u otras clases. Hasta 1905, casi conocimos únicamente a nacional-reaccionarios. Después de la revolución, han surgido en nuestro país nacional-liberales.
Esta es la posición que ocupan de hecho en nuestro país tanto los octubristas como los demócratas constitucionalistas (Kokoshkin), es decir, toda la burguesía contemporánea.
En lo sucesivo es inevitable que surjan nacional-demócratas rusos. Uno de los fundadores del partido "socialista popular", el señor Peshejónov, ha expresado ya este punto de vista, cuando exhortaba (en el fascículo de agosto de Rússkoe Bogatstvo de 1906) a proceder con prudencia respecto a los prejuicios nacionalistas del mujik. Por mucho que se nos calumnie a nosotros, los bolcheviques, pretendiendo que "idealizamos" al mujik, nosotros siempre hemos distinguido y distinguiremos rigurosamente entre el juicio del mujik y el prejuicio del mujik, entre el espíritu democrático del mujik contra Purishkévich y la tendencia del mujik a transigir con el pope y el terrateniente.
La democracia proletaria debe tener en cuenta el nacionalismo de los campesinos rusos (no en el sentido de concesiones, sino en el sentido de lucha) ya ahora, y lo tendrá en cuenta, probablemente, durante un período bastante prolongado 14. El despertar del nacionalismo en las naciones oprimidas, que se ha mostrado con tanta fuerza después de 1905 (recordemos aunque sólo sea el grupo de "autonomistas-federalistas" en la Iª Duma, el ascenso del movimiento ucraniano, del movimiento musulmán, etc.), provocará inevitablemente un recrudecimiento del nacionalismo de la pequeña burguesía rusa en la ciudad y en el campo. Cuanto más lenta sea la transformación democrática de Rusia, tanto más empeñados, rudos y encarnizados serán el hostigamiento nacional y las querellas entre la burguesía de las diversas naciones. El reaccionarismo singular de los Purishkévich rusos engendrará (e intensificará) en este caso tendencias "separatistas" en unas u otras naciones oprimidas, que a veces gozan de una libertad mucho mayor en los Estados vecinos.
Semejante estado de cosas plantea ante el proletariado de Rusia una tarea doble, o mejor dicho, bilateral: luchar contra todo nacionalismo y, en primer término, contra el nacionalismo ruso; reconocer no sólo la completa igualdad de derechos de todas las naciones en general, sino también la igualdad de derechos respecto a la edificación estatal, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación; y, al mismo tiempo y precisamente en interés del éxito en la lucha contra toda clase de nacionalismos de todas las naciones, propugnar la unidad de la lucha proletaria y de las organizaciones proletarias, su más intima fusión en una comunidad internacional, a despecho de las tendencias burguesas al aislamiento nacional.
Completa igualdad de derechos de las naciones; derecho de autodeterminación de las naciones; fusión de los obreros de todas las naciones: tal es el programa nacional que enseña a los obreros el marxismo, que enseña la experiencia del mundo entero y la experiencia de Rusia.
Post Scriptum.- El presente artículo estaba ya compuesto, cuando he recibido el número 3 de Nasha Rabóchaya Gazeta, donde el señor Y. Kosovski escribe sobre el reconocimiento del derecho a la autodeterminación para todas las naciones:
"Mecánicamente trasladado de la resolución del I Congreso del partido (1898), que, a su vez, lo tomó de las decisiones de los Congresos socialistas internacionales, este reconocimiento, según puede verse por los debates, se interpretaba por el Congreso de 1903 en el mismo sentido que le daba la Internacional Socialista: en el sentido de la autodeterminación política, es decir, de la autodeterminación de la nación en el sentido de la independencia política. De este modo, la fórmula de autodeterminación nacional, significando el derecho a la separación territorial, no atañe para nada al problema de cómo regular las relaciones nacionales dentro de un organismo estatal determinado, para las nacionalidades que no puedan o no quieran salir del Estado existente".
Por donde puede verse que el señor V. Kosovski ha tenido en las manos las actas del II Congreso de 1903 y conoce perfectamente el verdadero (y único) sentido del concepto de autodeterminación. ¡¡Comparad con esto el hecho de que la Redacción del periódico bundista Zait suelte al señor Libman para que se mofe del programa y lo declare falto de claridad!! Extraños hábitos "de partido" tienen los señores bundistas... Sólo "Alá sabe" por qué Kosovski declara que el aceptar el Congreso la autodeterminación es un traslado mecánico. Hay gentes que "quieren hacer objeciones", pero no saben cuáles, ni cómo, ni por qué, ni para qué.
(13) No es difícil comprender que el hecho de que los marxistas de toda Rusia y, en primer término, los rusos, reconozcan el
derecho de las naciones a la separación, no descarta en lo más mínimo la agitación contra la separación por parte de los
marxistas de esta o la otra nación oprimida, del mismo modo que el reconocer el derecho al divorcio no descarta la agitación
contra el divorcio en este o el otro caso. Por eso, creemos que ha de aumentar inevitablemente el número de marxistas polacos
que se reirán de la inexistente "contradicción" que ahora "atizan" Semkovski y Trotski.
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(14) Seria interesante seguir el proceso de modificación, por ejemplo, del nacionalismo en Polonia, pasando de nacionalismo
señorial a nacionalismo burgués y después a nacionalismo campesino. Ludwig Bernhard, en su libro Das polnische Gemeinwesen
im preussischen Staat ["Los polacos en Prusia"], colocándose él mismo en el punto de vista de un Kokoshkin alemán, describe
un fenómeno extraordinariamente característico: la formación de una especie de "república campesina" de polacos en Alemania,
en forma de estrecha agrupación de toda clase de cooperativas y demás uniones de campesinos polacos en lucha por la
nacionalidad, por la religión, por la tierra "polaca". El yugo alemán ha agrupado a los polacos, les ha hecho replegarse sobre si
mismos, despertando el nacionalismo, al principio, en la aristocracia, después en los burgueses, y por último, en la masa
campesina (sobre todo después de que los alemanes iniciaron en 1873 una campaña contra el idioma polaco en las escuelas).
Hacia eso mismo van las cosas en Rusia, y no sólo por lo que se refiere a Polonia.
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